30 septiembre 2008

Concierto de Andrés Judak



No quisiera yo que mi amigo Andrés dejara de tocar un instante. Por fin vuelve, (ya era hora…) a un escenario decente, el Segundo Jazz, donde cada noche hay un concierto y donde sirven uno de los mejores gintonic de Madrid. Donde el nivel es alto y aún quedan últimos románticos, donde se quedó mezclado el humo en la madera, donde aún no nos quemamos.

Vuelve acompañado de banda, sus antiguos compañeros de ensayo y trastero, esta vez disfrazados; nuevas canciones (no tantas como yo quisiera) y viejas versiones que rejuvenecen con distintos matices, otro maquillaje con el mismo aliño de la ensalada, el de un tipo romántico y canalla, el de un argentino loco y bien cuerdo que tanto me recuerda al personaje de Soldati de la novela de Carlos Salem, “Camino de Ida”, por cierto, muy recomendable.

Poesía, pensamientos cotidianos e historias, noches interminables y amaneceres cualesquiera con café, legañas, ojeras, insatisfacción y orgullo de lunes, carreteras quemadas, hamburguesas completas en el bar de la esquina, güisquis con hielo, cigarros que se olvidan en el cenicero por encontrar un acorde, aviones de ida y vuelta, ningún sitio adónde ir, mujeres que dejan su carmín en el vaso… y otras que nos dejan marcado el corazón para siempre. Ganas y dudas, derrumbe y psiquis, peces que nadan en las nubes del desierto, jugadores que lo apuestan todo a doble o nada en el casino, gritos desde el silencio más incómodo y en definitiva, vivencias de toda la vida, la de un tipo que siempre tiene un momento para acordarse de la estación de tren de Villadelina.
En resumen, estos cuatro años saben a todo eso y se degustarán aún mejor cuando tan sólo nos queden las palabras por tu voz. Suerte amigo, ahí estaremos.

28 septiembre 2008

El Mismo Tiempo No Perdura

Se fue Paul Newman. Descanse en paz. Inolvidable "El Golpe", una de mis películas de cabecera

El mismo tiempo no perdura,


Lo veo,


En el aleteo de una mariposa azul


Antes fue, crisálida marrón, grisácea,


Hace unas horas… iniciaba el vuelo


Y todo lo bello es eso… para vivir un día.


Lo toco,


En un puñado de reloj de arena


Que lenta y ásperamente se escapa


Como los sueños que querías ser de mayor,


Quiero decir… cuando eras pequeño.


Lo huelo,


En el pan recién hecho


Una seca… mañana de lluvia,


En la forja del artesano de navajas


Puliendo el filo, entre la mano y la máquina.


Lo creo,


Si nosotros, únicamente dependemos de la lujuria


Únicamente, en un breve orgasmo,


Es algo que hasta los curas…


Y algunas mujeres conocen.


Luego está el amor, ajeno a todo esto


Cuando el paraíso es… un domingo abrazados frente a frente,


Aunque yo ronco y tú, sonríes mientras duermes.

25 septiembre 2008

Los Caballos del Viejo Oeste


No tienen prisa estas cuatro paredes para llegar tarde

Van a estar aquí hoy, mañana y siempre…

Inexpresivas y pálidas, como recién pintadas,

Hasta la próxima guerra que azote Argüelles

Como a los caballos del viejo Oeste,

Hasta que se lleve otra colección de máscaras de Neruda

O su leve placa que adorna sobre un banco en bancarrota.

No tienen el estilo de la gente de compras por Gran Vía

Ni su sinusitis, ni su estreñimiento. Aquí acierto,

Ni tampoco, el con poco me contento mucho más.

De alguna manera estoy solo en esta habitación

Tan llena de cajas como de inútiles recuerdos

Como el clavo en la pared del que nada cuelga,

Y lo mejor de lo peor… me siento así, como siempre he deseado

Como cualquiera al otro lado de la barra en un bar de carretera,

Como un camionero que alarga su parada

Como la ansiedad que devoro en las entrañas de mi pecho,

Como el momento en que a los libros les llega su momento.

Repentina la locura me sustenta ingrávida

Si en la lámpara… una alondra disfrazada de polilla me distrae,

Si me arranca una sonrisa bailando sevillanas

Si mis sombreros aplauden ahí arriba, una vez salieron del armario,

Si apago la luz y veo el techo tan negro como el cielo,

Si hay abrazos para todos, o si no, todos al infierno.

Aunque mejor, esperadme ahí fuera, en la aurora del otoño

Con el latido de la lluvia en la gomina y el perfume,

Con los barrenderos, los conductores, las dependientas…

En la fábrica de pan, patatas fritas y porras,

O en el banco sentado, entre el quiosco y la florista…

Hasta la próxima guerra que azote Argüelles

Como a los caballos del viejo Oeste.

22 septiembre 2008

Siesta en el césped de Plaza España

Ay Andresito, te pasaste 3 pueblos. Grande!


Tengo sueño y no me puedo dormir


Un poema en blanco y muchas ganas de terminarlo


Una idea, ni media palabra,


Tengo tiza de sobra y me sobra pizarra.


Unas botas para cruzarme de piernas


Tortícolis como un dolor de huevos


Un momento el resto del tiempo,


Toda la suerte para pisar otra mierda


Unos labios con elevalunas eléctricos


Tu cuerpo esculpido a los 18 en mi cerebro


Y a mi hijo frustrado en una descarga de cisterna.


Tengo un lamento mojado en el cenicero


Un café con hielo cada mañana


Un sabor metálico cuando nos cruzamos,


Unas gafas de sol para la noche


Lluvia del norte en un tarro de miel.


Tengo una carta que no te he enviado


Un mal día dos semanas al mes,


Un disco de jazz para los domingos nublados


Un osito de peluche como mascota


Y flores de plástico que siempre riego.


Tengo suspensión de pagos de besos y abrazos


Un traje de vagabundo en la tintorería


Guiños postizos hacia ningún lado


Nieve del 99 calada en los huesos.


Tengo en el pecho una tormenta de arena


Ése puñado de agua que se me escapa


Por una herida que nunca he abierto.


A mis musarañas a falta de musas…


Y la siesta en el césped de Plaza España.


Tengo el silencio, y es mucho decir.