29 agosto 2006

El Gusano en la manzana


Mandíbulas flotantes,
queda lejos el olvido
si el horizonte en nuestras manos...

No fui yo el ruiseñor
sí el pájaro espino,
el palomo que cayó
el plomo que mató a la codorniz
que me comí,
y la raspa que maldije.

Fui yo tu dolor de muelas
no tu caries ni tu sarro,
la mota de polvo, tu mal de ojo
la pipa rancia, el negro plátano.

Fui tu dolor de huevos no tu patada
en la espinilla, aunque también la merecías.
Pero fui la otra mejilla
el lapidamiento y la escupidera
la arcada de la mujer violada
las entrañas de la metralleta
la pierna que me dejó sin granada,
fui una cagada y no fui capaz de tirar de la cadena.

24 agosto 2006

La otra parte de la vida

El último tiro de Jordan con los Bulls, entró limpio y le dio el 6º anillo de campeones

¡Vaya día me he pegado!, me lo he pasado entero viendo el baloncesto, y pensar que hace años que jugaba, pero ya perdí la forma, y sólo de pensarlo se quebraron mis rodillas, porque ahora que dejé el deporte tiemblo cuando ando, será porque todos saben que dudo a cada paso. Me he dado mis paseos, me gusta caminar por casa, dar vueltas dándole vueltas a un texto, a un libro, a otra chica que vuelve a estar lejos, a una canción, a una película como Magnolia o Cómo ser John Malkovich. He vuelto a Madrid un par de días, me fui porque hacía mucho viento, demasiado para no usar gafas, volví estos dos atardeceres para arreglar unas cosillas y ahora me voy porque no dejo de estornudar, me pica la nariz, no sé si aún me dura la sinusitis, tendré que ir al médico o denunciar a la Ley del Medicamento, o eso... o admitir que las películas de Woody Allen me influencian demasiado. Así gastamos este agosto entre el pueblo, que es mi casa, donde viví años y ahora cada vez que vuelvo me resulta todo más extraño y la ciudad... sacando billetes de autobús. Hoy estaré un rato por Toledo, donde pasé dos años tropezándome con el empedrado, subiendo más que bajando cuestas; cenaremos en un chino y luego me llevarán en el coche hacia el pueblo. Corren mucho los coches, no sé si lo saben, si no, tened en cuenta que el asfalto corre más en dirección contraria. Lamentablemente el martes se llevó a otro conocido, y ya van dos de mis ya jóvenes y viejos para siempre ex-compañeros de baloncesto. Recordé todos los partidos que perdimos sudando la camiseta, y lamenté ser como soy porque yo siempre me dejé el máximo para darlo en el banquillo. Todos sabían y saben que fui y que sigo siendo blando en defensa, qué sólo me importaban los triples, o si lo ven mejor así… solidario con el rival. De todos modos, lo importante es participar, como importante es entender el juego fuera de la cancha y no basta con eso cuando la amiga mala suerte se ceba con nosotros. Lo único que me queda es el recuerdo de vuestras sonrisas y la certeza de que fuimos felices dentro del campo, que hicimos un equipo pasándonos la pelota, chocando nuestras palmas de las manos, fuimos grandes, unos muy buenos y humildes aficionados que celebraban cada punto como profesionales.
Un abrazo interminable, prometo descolgar las botas por la causa… lanzar unas canastas en vuestro honor y cuando vea los partidos estaré pensando en vosotros.

Para Antonio y Julián

16 agosto 2006

Extracto de una carta que mandé (creo)


No es el fin de la Humanidad, somos animales en un mundo de animales... en el que sin compasión nos devoramos los unos a los otros, somos los más odiados de la historia, somos los enfermos sin voluntad, somos los epicúreos desterrados de la vida infectada de ignorancia y desplante trivial, somos la neurona neutra, somos los que pisamos el suelo recién fregado, somos los parados más trabajadores, somos ante todo la escoria que hace crecer los fabulosos manjares que ofrece la tierra.
No somos nadie, no somos ni una pizca de originalidad, no somos dos en la guerra de almohadas, no somos dos en camas separadas, no somos ya los que jugábamos al corro... ¡no somos chulos ni nada, eh!, no somos sino un maquillaje en exceso, somos los cazadores que compran la piel del oso, y sobre todo no somos amigos, ya no somos ni enemigos.
Somos hastío, somos simbólicos personajes en la cabeza de Rimbaud, somos el abandono del barco con su vela rasgada y su barniz levantado, somos salmones metidos en un buen tomate, somos los putos locos, somos los trapecistas que entrenan sin red y sin embargo nos pescan.
Antes de todo fuimos un corazón partido en dos porque nos bastó un cacho y el otro lo regalamos, y ahora... somos los dedicados a las dedicatorias, somos el beso que nadie te dio y tanto esperaste, somos el hombro para empezar y dejar de llorar, somos ofrenda de flores sin ser santos ni vírgenes, somos el agua de tu incendio, el cuerpo que abrazar con fuerza, somos los putos monos erguidos, somos levedad soportable, somos tenencia a la pata coja, somos el brindis por poder brindar... porque no somos nada.

08 agosto 2006

¿Por qué será?

Con Henry posando con una de las indumentarias oficiales del equipo

Desde que te has ido, me paso ratos enteros esperando que se escriba sola la página en blanco. Una vela me acompaña, el sonido de la calle que se cuela por la ventana, el del tendido eléctrico, las hojas de las ramas abrazadas por el viento que no desentona, tiene fuerza, como si hiciera sonar una trompeta, también se oyen voces, toses, ronquidos y algún ruido extraño que mi tapón en el oído no me permite descifrar claramente, ya sabes como se las gastan los vecinos. No hay dudas, tengo suficiente aire en la habitación para durar horas en la misma posición de silla y escritorio aunque nunca acabe de encontrar la posturita. Puede parecer que por dentro esté vacío... pero no es así, estoy en paz, mínimamente concentrado para que no me salpique dolor alguno. Te añoro, eso sí, pienso como debes sentirte ahora, si piensas en mí con furia, con agrado o con tu habitual pasividad... y no me digas que no, es así como eres pero me gusta ¡joder!, me gustas así. Sé las palabras que te diría si estuvieras delante pero no sé las palabras precisas, tal vez preciosas, que debo escribirte para que sigas manteniendo esa sonrisa idiota... que tanto me ayuda en mi faena cotidiana, de fracaso y decepción, de tacaños alientos que no me dan los buenos días y sobre todo, desde que no estás tú ni las buenas noches, que es a lo que iba... en definitiva